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TRATADOS DE LIBRE COMERCIO
HACIA UNA INTEGRACIÓN JUSTA Y PARA TODOS
Del 10 al 13 de agosto de 2004 nos hemos reunido en la ciudad de Sao Paulo, Brasil, Obispos,
sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos y laicas, comprometidos en la
Pastoral social y Caritas de casi todos los países de América Latina y el
Caribe- En un clima de comunión y solidaridad, hemos dialogado ampliamente
acerca de los Tratados de Libre Comercio (TLC) y sus efectos en las mayorías
empobrecidas de nuestro Continente, dentro de! sistema global de comercio que
promueve por doquier dichos tratados. De esta manera hacemos nuestras las
preocupaciones de los pobres porque (los gozos y las esperanzas, las tristezas y
las angustias de los nombres de nuestro tiempo, son a la vez gozos y esperanzas,
tristezas y angustias de los discípulos de Cristo" (G3, 1).
En un primer momento hemos escuchado atentamente
tanto a representantes de varios gobiernos del Continente como de la Sociedad
civil. A continuación habiendo compartido asimismo las preocupaciones y puntos
de vista de diversos sectores de la población, hemos realizado a la luz de la
Palabra de Dios y del magisterio social de la iglesia, un discernimiento
comunitario de tan complejo proceso y de sus efectos sobre todo para ¡os
sectores más vulnerables de nuestra América Latina.
Al concluir este encuentro, deseamos expresar públicamente
nuestro compromiso como Iglesia. Al mismo tiempo queremos compartir con nuestras
hermanas y hermanos en !a fe, así como con toda persona de buena voluntad,
algunas reflexiones y sugerencias. Nos
mueve la convicción de que "nada hay verdaderamente humano que no
encuentre eco en el corazón de la Iglesia" (GS, 1), puesto que "e!
hombre es e! primer camino que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su
misión" (RH, 14). En el fondo de nuestra preocupación pastoral está la
palabra de Jesús: "Tengo compasión de las gentes" (Me 8,2).
Buscamos si bien integral de los hombres y mujeres
de América Latina y e! Caribe, particularmente de los pobres, marginados y
excluidos.
Nuestra palabra se une a !a de numerosos Obispos y
Conferencias Episcopales. Entre ellas señalamos la reciente declaración
conjunta de Obispos de los Estados Unidos y de América Centra!, en la que se
afirma: "el reto fundamental es poner en marcha un modelo de desarrollo
humano sostenible”[1]. Nos parece que otro
desafió impostergable es avanzar con decisión en el proceso de integración
entre nuestros países, a fin de construir cuanto antes la Comunidad
Latinoamericana y Caribeña de Naciones.
A. INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA Y DESARROLLO HUMANO
En el centro del proceso de integración que
propugnarnos, está la persona humana, también ocupa un lugar importante el
comercio entre los pueblos, entendido como una expresión de la relación
humana, de la necesidad que todos y cada uno tenemos de los demás- En este
sentido, la integración de los pueblos seria una expresión de fraternidad y
solidaridad. Según la enseñanza de la Iglesia, la justicia debe estar presente
en las relaciones comerciales: el comercio justo favorece la relación pacifica
entre los pueblos.
El proceso de integración en el que están empeñados
nuestros países, debe ser animado por un conjunto de principios éticos. El
principio fundamental es e! reconocimiento de la dignidad de la persona humana
como valor central. Para que exista verdadero desarrollo humano es necesario
articular ¡os valores de la eficiencia y la competitividad -tan exaltados en la
cultura actual- con los de justicia social, equidad, solidaridad y
subsidiariedad. Este concepto
de desarrollo interrelaciona lo económico con los político, lo cultural, lo
social y lo medioambiental, particularmente a la hora de definir los fines y los
medios para alcanzarlo. Reconoce asimismo la centralidad del trabajo humano, no
solo como creador de riqueza sino sobre todocomo factor esencial de realización humana." La persona humana se
realiza mediante e! trabajo (Cf. Laborem Exercens, 6).
Es evidente que para su desarrollo adecuado y
armonioso las personas y los pueblos necesitan bienes materiales. Sin embargo,
según la sabiduría del Evangelio, no podemos reducir al ser humano al estrecho
horizonte de !a posesión y disfrute de las cosas materiales: la vida humana no
se agota en e! afán obsesivo de tener, comprar y consumir. Las cosas de este
mundo nunca podrán saciar la sed de verdad, bondad y felicidad que experimenta
el corazón humano. Así está inscrito en e! alma de nuestros pueblos. Es fácil
percibir la cultura de los pueblos latinoamericanos y caribeños como un
conjunto vivo de referencias, valores y Símbolos, a través de los cuates las
personas se relacionan entre si, con la naturaleza a través del trabajo, y con
Dios.
Una auténtica integración se basa en valores como
los que hemos mencionado y en una clara opción por la vida de las personas y
comunidades más vulnerables, respetando su identidad cultural, tan fuertemente
marcada por los valores espirituales. Por consiguiente, va más allá de los
aspectos puramente comerciales.
Necesitamos una integración que incorpore las
dimensiones culturales, sociales y políticas en las relaciones entre los
pueblos y que tenga siempre conciencia de sus vinculaciones históricas
profundas.
En la elaboración de las propuestas de integración,
estos principios se traducen en la estimación previa de los impactos que las
mismas puedan tener sobre la calidad de vida de las personas, sobre su posición
en la estructura de relaciones sociales y sobre !a integridad del medio
ambiente, es decir, de !a "casa común". Esto debe salvarse a toda
costa, superando la perspectiva habitualmente utilizada en economía, que busca
e! incremento en eficiencia y competitividad como metas de las políticas económicas.Estas son éticamente aceptables en la medida en que pueden contribuir a
mejorar la calidad de vida de las personas.
B. LOS TRATADOS DE UBRE COMERCIO EN EL PROCESO DE
INTEGRACIÓN
Los pueblos de América Latina y el Caribe han
suscrito múltiples acuerdos en la búsqueda de la integración entre sí y con
otras naciones. Entre dichos acuerdos proliferan hoy los Tratados de Ubre
Comercio (TLC), que regulan la apertura de ¡os mercados a producios de los países
que comercian entre sí A primera vista podría pensarse que los TLC se ¡imitan
a ¡a esfera económica. Sin embargo, nos parece que tal como se han negociado o
se están negociando, no son solamente instrumentos de política comercial sino
que afectan también, en mayor o menor grado, aspectos tan importantes como ¡a
identidad cultural, el futuro de la agricultura, la propiedad intelectual, la
biodiversidad y otras áreas de la vida, especialmente en las comunidades
pobres. Por otra parte, cuando dichos acuerdos se convierten en ley de la República,
comprometen, para bien o para mal, el futuro de las naciones que los suscriben.
El modelo económico vigente en nuestro Continente, que tiende a concentrar el poder económico, político y social en pocas manos, ha frenado sensiblemente la consolidación del desarrollo humano integran y sostenible que propone ¡a Iglesia.
Esto se manifiesta en las
situaciones de pobreza y exclusión, la brecha creciente entre ricos y pobres,
la desigual redistribución del ingreso, de la riqueza y las oportunidades,
sistemas inadecuados de educación y salud pública, inseguridad y violencia, y
migración forzada,
En
esta realidad dramática, tan contraria a la dignidad humana, existen
"ganadores" y
"perdedores". Entre los ganadores están generalmente las
corporaciones multinacionales y sectores privilegiados de nuestros países. Los
perdedores los encontramos en las poblaciones más vulnerables: campesinos,
micro y pequeños empresarios, mujeres, jóvenes, personas de la tercera edad,
discapacitados, etc. Para superar esta situación inaceptable, es urgente
revisar a fondo el tipo de cooperación que se requiere, y asignar ¡os recursos
necesarios a fin de conseguir un auténtico desarrollo humano.
Se
afirma, con razón, que, de ordinario, los Tratados de Libre Comercio se
negocian sin ofrecer a !a población !a información a la que tiene derecho; por
esa razón, "o se propicia, de parte de los Gobiernos, una participación
responsable de los ciudadanos. Según la acertada afirmación de hermanos
nuestros en e! episcopado del norte y del centro de América, "negociar de
espaldas al pueblo seria contrario a los principios elementales de la democracia
participativa. En una palabra, la gente tiene derecho a saber qué se está
negociando y en qué va a favorecer sobre todo a las mayorías
empobrecidas"[2].
A lo
anterior se añade la debilidad do las democracias, e! derrotismo político y
las crisis de los partidos. Con frecuencia los votos no significan una auténtica
representatividad en los parlamentos, los ciudadanos nada o muy poco pueden
hacer ante la corrupción pública o privada, y crece la indiferencia ante los
problemas que afectan a todos.
Cuando falla una rea! participación de los ciudadanos y ciudadanas en los
procesos económicos, - y esto se aplica a los tratados de Libre Comercio- se
debilita aun más el tejido social. Se crea entonces inevitablemente un ambiente
de confrontación agravado por las relaciones asimétricas que existen a nivel
nacional y, sobre todo. a nivel internacional.
Gracias a Dios, no faltan ¡os hechos positivos que vemos como signos de
esperanza. Señalamos, entre ellos, ¡a emergencia de la sociedad civil y ¡a
dinámica de los movimientos sociales; ¡os procesos de democracia participativa
y control ciudadano; y los notables esfuerzos de trabajadores y trabajadoras del
campo y la ciudad por poner en marcha experiencias de comercio justo y economía
solidaria.
NUESTRA PALABRA A LOS GOBERNANTES Y NUESTRO
COMPROMISO COMO IGLESIA
Al
final de nuestro mensaje teniendo en cuenta principalmente a las inmensas mayorías
que están sumidas en la pobreza y la marginación en América Latina y el
Caribe, formulamos las siguientes propuestas a los gobernantes de nuestros países.
Así mismo tiempo, hacemos público nuestro compromiso como iglesia para
realizar lo que nos corresponde:
Que
¡os Gobiernos de los países donde aún no se han ratificado los Tratados de
Libre Comercio, que difundan y propicien el debate público, en todos los
sectores interesados. Los contenidos de los TLC bilaterales o multilaterales,
como el ALCA, antes de ser sometidos a los respectivos Congresos para su posible
ratificación, deben ser suficientemente discutidos
Que
en este proceso se examinen con particular atención, en e! seno de !a sociedad
civil, temas tan sensibles como los siguientes: los subsidios a la agricultura
por parte de los países industrializados; el derecho de propiedad intelectual y
su impacto en áreas como la salud y la soberanía alimentaría; e! impacto de
los TLC en e! medio ambiente y en los derechos de los trabajadores; sus efectos
en grupos vulnerables como las mujeres, los jóvenes, la tercera edad y los
discapacitados.
Que
se dé mayor relevancia a !a Organización Mundial de! Comercio (OMC) como foro
adecuado para dirimir cuestiones como los subsidios agrícolas por parte de !os
países industrializados y otros asuntos que permitan ir superando las asimetrías.
Que
los Tratados de Libre Comercio tengan como referente una agenda más amplia de
desarrollo humano integral, sobre todo de los sectores más pobres y
vulnerables. Esta agenda debería incluir recursos financieros suficientes que
permitan a los países de América Latina y del Caribe no sólo invertir en su
capacidad comercial sino también mejorar sustancialmente !a calidad de vida de
sus habitantes.
Como
iglesia que peregrina en e! Continente marcado por las mayores desigualdades del
mundo, nos sentimos interpelados
por nuestro Señor a involucrarnos en este proceso de integración desde nuestra
propia identidad y como parte de nuestro ministerio de reconciliación y de
construcción de la comunión. Por eso estamos colaborando en la creación de
espacios de diálogo entre todos los sectores ciudadanos, promoviendo al mismo
tiempo los métodos adecuados para obtener los nulos esperados. No es fácil
realizar este ministerio en el ambiente de confrontación que genera el marco de
relaciones asimétricas existente dentro de nuestros países y, sobre todo, en
el plano internacional. Pero es fundamenta! promover dicha participación a fin
de generar condiciones de gobernabilidad en una relación justa y solidaria
entre Estado y sociedad civil.
En
el cumplimiento de nuestra misión nos comprometemos a promover un amplio
proceso de participación ciudadana que permita a personas y comunidades
informarse, deliberar, realizar análisis de costos y beneficios, elaborar y
hacer llegar sus propuestas a quien corresponda, teniendo piazos adecuados para
ello, y ejercer una vigilancia social de dichos procesos.
Ante
el debilitamiento del tejido social es deber nuestro, como iglesia, colaborarno solo en su fortalecimiento sino también en su proyección hacia la
creación de una sociedad en donde todos nos sintamos miembros plenos de la gran
familia latinoamericana y caribeña. Para ello asumirnos el compromiso de
promover la formación política que convierta a los ciudadanos y ciudadanas, en
constructores de una nueva sociedad, justa, fraterna, solidaria y abierta a
Dios. (Cf. Christífideies Laici, 42; Ecclesia in América, 44).
Nos
comprometemos a contribuir, desde nuestra identidad, en la creación de
condiciones económicas, sociales, culturales, políticas y ecológicas que
aseguren a cada persona e! derecho de buscar su destino dentro del destino común,
como sujeto de su vida, con decisiones para si, para su núcleo familiar, para
la sociedad, en el respeto debido a los derechos de los demás, como persona
responsable que vive con otros y para otros en la Verdad y la Justicia.
Reafirmamos la opción evangélica por los pobres y nos comprometemos a seguir
acompañando la lucha por la vida de los movimientos sociales, campesinos e indígenas,
en el trabajo tesonero por construir una sociedad justa y solidaria, con valores
éticos, y donde sea posible avanzar decididamente en dirección de una auténtica'
integración de los pueblos.
Sao Paulo 13 de agosto de 2004
Departamento de Justicia y Solidaridad
Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)
[1]
Cf Declaración Conjunta Sobre el
Tratado de Libre Comercio Estados Unidos-América Central! (TLC EEUU CA) del
Secretariado Episcopal de América Centra! (SEDAC) y los Presidentes de los
Comités de Política Nacional e Internacional de la Conferencia de Obispos
Católicos de los Estados Unidos (USCCB), pág No 1. No.3.
[2]
Cf Declaración Conjunta Sobre e!
Tratado de Libre Comercio Estados Unidos América Central (TLC EEUU CA) de!
Secretariado Episcopal de América Central (GEDAC) y los Presidentes de los
Comités de Política Nacional e Internacional de la conferencia de ubispos
Católicos cíe los Estados Unidos (USCCB).
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