Pontificia Universidad Católica del Ecuador
Sede Esmeraldas


Pastoral Universitaria

CUARESMA EN CAMINO

6  de marzo de 2002

1.       Presentación.

Bienvenidos todos a este nuevo encuentro de oración. Avanzamos en el camino de la Cuaresma, para preparar nuestro corazón para contemplar los misterios de la muerte y resurrección de Cristo en la Pascua. Nos hacemos solidarios con su entrega y solidaridad. Y apostamos por que el Señor vaya haciendo de nuestra vida –arcilla en sus manos– la obra que, según su designio, quiera hacer.

Hoy miramos nuestro pecado como el peso muerto del que el Señor quiere liberarnos.

2.       En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

3.       Audición.

Escuchemos el Salmo 120: Frente a la experiencia de sufrimiento y de pecado, “el auxilio me viene del Señor”.

4.       Símbolos.

Frente a nosotros, hoy hemos puesto estos símbolos. La cruz, que hoy es el centro de esta asamblea. Cualquier persona del tiempo de Jesús se sentiría molesto, horrorizado, ante tal visión, símbolo del sistema más bárbaro para llevar a los malhechores al suplicio y la muerte. Hoy, para nosotros, frecuentemente es un objeto decorativo: está presente en las casas, en las iglesias, la usamos de adorno en collares, aretes, etc. En una palabra: nos es familiar.

Junto a la cruz, tenemos el otro símbolo: un conjunto de piedras. Entre los judíos, la lapidación –matar a base de pedradas– era el sistema permitido para dar muerte al pecador público.

Estos dos símbolos no deben llenarnos de tristeza. Decimos que, para nosotros, la Cruz es fuente de Vida. Desde que Cristo, abandonado en las manos del Padre, murió asumiendo el pecado de la humanidad, la sombra de la cruz se proyecta como luz de salvación. Si Él, que no conoció el pecado, pudo ser reconocido como el Siervo de Yahvé, como un deshecho de hombre, es porque nos quiere trasmitir un mensaje, invitándonos a reconciliarnos.

La reconciliación hace posible el paso de hombre o mujer viejo a hombre o mujer nuevo. Escuchemos un pasaje escrito por el apóstol Pablo.

5.       Lectura de la Palabra:  2 Cor  5, 14-21.

6.       Silencio para la oración personal.

7.       Presentación del símbolo.

Vamos a seguir orando mediante un gesto sencillo. A veces por sensibilidad excesiva y otras veces por falta de sensibilidad, hemos torcido el rostro ante lo desagradable, lo infrahumano, el pecado de los demás...

Nuestro pecado personal es un lastre, un peso muerto, que dificulta nuestro camino. Por eso, vamos a simbolizar nuestro pecado con las piedras que tenemos delante. Nos vamos a ambientar con la primera parte de un poema.

Escuchemos la primera parte de un poema: “Piedra estéril,  piedra viva”.

Ahora, somos todos invitados a acercarnos, agarrar una de las piedras y colocarla al pie de la cruz, mientras expresamos sencillamente alguno de estos sentimientos:

Escuchemos la segunda parte del poema.

8.    Mensaje final.

Si una piedra puede ser mirada desde aspectos tan negativos como los que se nos proponían en la primera parte del poema, hasta tal punto que nos ha servido para simbolizar nuestro pecado, en la segunda parte la poesía nos avisa de cómo la misma piedra puede ser algo básico en arquitectura, escultura y es posible mirarla con agradecimiento por los símbolos positivos que encierra.

Nuestra piedra-pecado, colocada a los pies de Cristo, puede convertirse en el cimiento de nuevas construcciones pero, especialmente, en la construcción de nuestra persona, de nuestra familia y de nuestra sociedad.

9.    Oración a María: Dios te salve.

Gracias por su participación. Quien quiera puede llevar una piedra de recuerdo, como pisapapeles, etc.

Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Sede en Esmeraldas

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Esta página fue creada el 8 de marzo de 2002.
Última actualización de esta página: 02/01/04.

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