PRESENCIA DE LA PUCE EN ESMERALDAS
Julio Terán Dutari S.J., Rector de la PUCE
12 DE ENERO DE 1993

Al posesionar hoy al nuevo Pro-Rector de esta querida Sede en Esmeraldas de nuestra Pontificia Universidad Católica, tengo por fin el honor gratísimo de dirigirme a la comunidad universitaria para presentarle, junto con mi felicitación y mi augurio a esta nueva cabeza y a todo el cuerpo académico, algunas reflexiones que hace tiempo tenía preparadas y que cobran más importancia con el acontecimiento que celebramos. Se suceden las autoridades para los períodos establecidos, en apego a las normas que con aprobación de la Iglesia y del Estado nos rigen y protegen; en eso vemos un signo de sólida institucionalidad. Permítanme que comience por este concepto básico.

La institución universitaria que la Iglesia católica mantiene en la ciudad de Esmeraldas, para servicio de toda la Provincia y de la región septentrional de nuestro litoral ecuatoriano, no es una pequeña entidad autónoma cobijada bajo el título y patrocinio académico de otro centro católico más grande, el de la capital del país; mucho menos podría decirse que es un mero apéndice costanero de ese otro centro hegemónico. La realidad es que existe en el Ecuador una sola Universidad Católica que lleva el titulo de Pontificia (es decir, de una especial vinculación al Sumo Pontífice de la Iglesia). Y esta única Pontificia Universidad Católica se llama oficialmente "del Ecuador", y no de Quito, porque su situación fundacional y su proyecto explícito han consistido en extender su presencia y su acción a las diversas regiones de la Patria ecuatoriana.

Una de esas, ya desde hace doce años, es la región esmeraldeña. Por eso, en la perspectiva jurídica y académica, el plantel universitario católico que en esta región se desarrolla más y más no es otro sino la misma PUCE en su presencia "inculturada"- Es, como oficialmente decimos, la "Sede" que Esmeraldas ha encontrado para este gran espíritu y este crecido cuerpo de nuestra universidad católica y pontificia, que es ecuatoriana por nombre y vocación.

Como Rector de la PUCE, y por tanto como autoridad general y personero máximo de toda la institución, deseo presentar aquí, en este día de mirar con gratitud al período terminado del meritísimo Pro-Rector saliente y de dar parabienes cordiales al joven sucesor animoso, mi homenaje de admiración y mi apoyo incondicional a esta Sede en Esmeraldas de nuestra única y grande universidad. Y para hacerlo de una manera más digna, quisiera mostrar con textos autorizados el carácter universitario y católico que distingue a nuestra Sede pontificia en Esmeraldas. Ningún texto será más autorizado que la reciente Constitución Apostólica del Papa Juan Pablo II sobre las Universidades Católicas: este documento solemne de la Santa Sede, firmado por el Sumo Pontífice el 15 de agosto de 1990, viene a ser la primera legislación oficial de la Iglesia Católica para sus Universidades y al mismo tiempo la Carta Magna que éstas pueden ostentar ante el mundo académico universal.

Como primer punto de ese documento, el Pontífice, recordando su propia experiencia universitaria (N. 2), determina la identidad de nuestros planteles como verdaderas universidades. En esta sustancia básica coincidimos totalmente con el ideal de toda universidad, porque nuestro ideal, "nacido del corazón de la Iglesia" (tal es el título del documento), se remonta al origen mismo de estas instituciones, en la alta Edad Media. Por eso retoma el Papa algunos principios fundamentales de la "Carta Magna de las Universidades Europeas" (Bolonia 1988) y nos dice:

"La Universidad Católica, en cuanto Universidad, es una comunidad académica, que, de modo riguroso y critico, contribuye a la tutela y desarrollo de la dignidad humana y de la herencia cultural mediante la investigación, la enseñanza y los diversos servicios ofrecidos a las comunidades locales, nacionales e internacionales" (N.12). Y a continuación ofrece el Sumo Pontífice el objetivo de la universidad en cuanto católica, sacándolo de la rica tradición de la Iglesia: "garantizar de forma institucional una presencia cristiana en el mundo universitario frente a los grandes problemas de la sociedad y de la cultura". Esto implica cuatro características esenciales: inspiración cristiana comunitaria; reflexión sobre el saber humano a la luz de la fe; fidelidad al mensaje de la Iglesia; y servicio institucional a1 pueblo de Dios (N.13).

¿Está cumpliendo nuestra Sede en Esmeraldas esta básica determinación de su ser universitario y católico? Muy altos son estos ideales, pero en algún nivel tienen que irse realizando para que podamos hablar de universidad católica. Mi convicción es que desde su fecha fundacional hasta el presente ha existido aquí una comunidad académica de personas formadas en prestigiosos centros del saber (ante todo los mismos Pro-Rectores) enriquecida a veces por la presencia de profesores visitantes y docentes de nuestra Sede Principal en Quito. Todos ellos han sabido ir agrupando juventudes en torno a la búsqueda de ciencia y de verdad, para hacerse presentes, con nuevos impulsos fraternales y colaborativos, en el mundo universitario ya previamente operante en esta región. Les ha movido sobre todo el deseo de establecer el diálogo con los diversos núcleos culturales de Esmeraldas, tanto mestizos cuanto afroamericanos y cayapas, cumpliendo así uno de los más queridos fines que según el Papa tiene toda universidad, sobre todo si es católica: "La Universidad Católica ... permite a la Iglesia establecer un diálogo de fecundidad incomparable con todos los hombres de cualquier cultura. El hombre, en efecto, vive una vida digna gracias a la cultura y, si encuentra su plenitud en Cristo, no hay duda que el Evangelio, abarcándolo y renovándolo en todas sus dimensiones, es fecundo también para la cultura, de la que el hombre mismo vive" (N.6). El documento de Santo Domingo añade, después de haber hablado de la Universidad Católica, que también hay un reto en la educación adecuada de las diversas culturas, en especial las culturas indígenas y afroamericanas, no sólo en el sentido de que esa educación se acomode a su manera de ser, sino también en el de no marginarlas ni excluirlas del progreso, de la igualdad de oportunidades y de la capacidad de construir la unidad nacional (Parte II, cap. III, 3.1). Esto es justamente lo que trata de hacer nuestra Sede en Esmeraldas.

Y más importante también, incluso para el carácter estrictamente universitario, es el hecho de que con la PUCESE ha existido también una comunidad religiosa, la de los Padres Combonianos, que con el Señor Obispo a la cabeza se han preocupado de ir construyendo el Vicariato Apostólico y han velado juntamente por ese quehacer académico "riguroso y crítico" y así mismo por esa "inspiración cristiana comunitaria", siempre fiel al mensaje de la Iglesia Católica, que lleva hacia un enorme servicio al pueblo de Dios, con el instrumento del saber humano enriquecido por una continua reflexión de fe. Hoy día tenemos una nueva comunidad apostólica, a la que pertenece el flamente Pro-Rector, que presta un reforzado apoyo al Vicariato y a la Universidad. No quisiera yo olvidar aquí la exhortación del Papa en el mismo documento: "Se pide a las Congregaciones Religiosas que se dedican al apostolado de la enseñanza superior, que ayuden a estas Instituciones a renovarse en su tarea y que sigan preparando religiosos y religiosas capaces de ofrecer una positiva contribución a la misión de la Universidad Católica" (N.25).

La Constitución Apostólica insiste mucho en la investigación, como principal canal por el que la universidad cumple con su misión. ¡Cuánto nos hace falta esta insistencia en nuestro medio ecuatoriano! Señala algunas modalidades que debe tener la investigación en una universidad católica: la integración del saber, el diálogo entre fe y razón, una preocupación ética, una perspectiva teológica. También en Esmeraldas nuestra Universidad Católica del Ecuador quiere ser de veras Pontificia, obedeciendo a estas orientaciones del Pontífice, que ya nos señaló parecidos derroteros cuando aquí en nuestra Patria hablaba el año 1985 al mundo de la cultura, por convocatoria de la misma PUCE. Aunque no sean muchas todavía las ramas del saber que cultivamos en esta porción tan querida de la familia ecuatoriana, se está penetrando con rigor científico (y eso es investigar) en las modalidades propias del ser esmeraldeño y se está procurando que todo este camino investigativo esté iluminado por la fe: la unidad académica de teología. extiende su servicio a las otras unidades académicas. Hay que seguir esforzándose por que se llegue así a reunir la comunidad académica de profesores y estudiantes en torno a las mismas cuestiones fundamentales de una vida digna, regida por las liberadoras convicciones de la moral y de la religión, y en torno a los proyectos básicos de un futuro más humano para todos, según la doctrina de la fe trasmitida por la Iglesia, que se ha concretado y actualizado en su Doctrina Social.

Quiero acabar subrayando este servicio a la Iglesia y a la Sociedad en el que la Constitución Apostólica ve la piedra de toque para juzgar de nuestras universidades católicas, porque estoy convencido de que también en Esmeraldas lo está realizando nuestra PUCE. En efecto, aquí "prepara hombres y mujeres que, inspirados en los principios cristianos y motivados a vivir su vocación cristiana con madurez y coherencia, serán también capaces de asumir puestos de responsabilidad" en la Iglesia y en la sociedad (N.31). Y como se encuentra nuestra universidad inmersa en esa sociedad humana tan abrumada de dificultades, "sus actividades de investigación incluirán el estudio de los graves poblemos contemporáneos" (N.32). En este punto se enumeran temas que coinciden con las más urgentes angustias de nuestra gente, tales como "la dignidad de la vida humana, la promoción de la justicia para todos, la calidad de vida personal y familiar, la protección de la naturaleza, la búsqueda de la paz y de la estabilidad política, una distribución más equitativa de los recursos del mundo y un nuevo ordenamiento económico y político que sirva mejor a la comunidad humana a nivel nacional e internacional". La más reciente declaración episcopal latinoamericana, la de Santo Domingo, vuelve a enumerar esos complejos problemas no resueltos, que esperan soluciones con esta ayuda especial de nuestras Universidades Católicas: la dignidad de la persona humana, los derechos inviolables de la vida, la libertad religiosa, la familia como primer espacio para el compromiso social, la solidaridad en sus distintos niveles, el empeño propio de una sociedad democrática, la compleja problemática económico—social, el fenómeno de las sectas, la velocidad del cambio cultural (lugar citado).

Cada uno de estos enunciados contiene un programa de estudio, de discusión académica, de extensión universitaria al medio. Algo estamos ya haciendo en Esmeraldas y mucho más todavía es lo que la gran comunidad espera de nuestra pequeña comunidad académica. Auguro a toda nuestra Sede con sus autoridades académicas, en especial al nuevo Pro-Rector, representantes de la Iglesia ante la cultura local, que puedan ayudar con eficacia, desde una fe consciente y operante, a promover "el desarrollo de los pueblos, que luchan por liberarse del yugo del hambre, de la miseria, de las enfermedades endémicas y de la ignorancia" (N.34, citando a Paulo VI en Populorum Progressio). Les auguro sobre todo que puedan cumplir los más caros anhelos de nuestro Pontífice, que nos ha hablado como Pastor y como académico: "encarnar la fe en sus actividades diarias" (N.39); "Siguiendo el ejemplo de Cristo, se preocuparán especialmente de los más pobres y de los que sufren a causa de las injusticias en el campo económico, social, cultural y religioso" (N.40); "llevar la Buena Nueva a todos los ambientes ... y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad" (N.48, citando a Paulo VI en Evangelii Nuntiandi).

Entre tanto me complazco en reiterar mí felicitación ferviente y mi agradecimiento más sentido en nombre de toda la Universidad al Excmo. Sr. Obispo, al Padre Pro-Rector, el que cesa y el que empieza, a los Directivos, a los Profesores, Estudiantes y Trabajadores, junto con los amigos y promotores en todos los niveles, por la inapreciable obra de Iglesia y de Patria que están realizando, según la más auténtica misión de evangelizar nuestra cultura.

Julio Terán Dutari
Rector de la PUCE
Esmeraldas, 12 de Enero de 1993.


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