
Discurso de
posesión de Pro-Rector de la PUCESE
Juan
Pablo Pezzi
12 de mayo de 1986
Estimado Señor Obispo de Esmeraldas, Reverendos Padres Rector y Vice-Rector de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, distinguido Pro-Rector de la Pontificia Universidad Católica Sede de Ibarra, ilustres autoridades civiles y religiosas de Esmeraldas, queridos profesores y alumnos de la Pontificia Universidad Católica Sede de Esmeraldas.
Es costumbre que la nueva autoridad tome la palabra en el acto solemne en el que se le confieren sus responsabilidades. En cierto modo todos esperan este momento para conocer sus ideas, sus planes, la estrategia de su acción.
Disculparán ustedes que deje por esta vez todos estos interrogantes sin respuesta. Entre los novatos de esta Sede universitaria soy yo, sin duda, el más novato y, por lo tanto, frente a mí mismo y frente a las responsabilidades que hoy asumo, debo esperar el tiempo necesario para conocer, comprender y amar todo lo que en esta Sede se está llevando adelante.
Quisiera, sin embargo, aprovechar la oportunidad para expresarles mi convencimiento de que, sí, esta Sede puede alcanzar los objetivos que el Vicariato Apostólico de Esmeraldas y la Pontificia Universidad Católica del Ecuador se propusieron cuando la crearon.
Esta confianza se apoya en mi alta estimación y respeto para los que me precedieron en esta tarea de Pro-Rector; me refiero a los padres Juan Meloni Ennas y Vicente Vivero Samaniego. A ellos van, en este momento, el agradecimiento y el homenaje de todos los profesores, estudiantes, empleados de esta Sede y el mío personal.
Lo que ellos hicieron constituye la seguridad más firme, a pesar de las dificultades económicas actuales y de las deficiencias organizativas y académicas propias de una institución que da sus primeros pasos.
Este es mi convencimiento, afianzado por otras razones; las que me animaron a aceptar esta tarea, las que dirigirán mi acción en los cuatro años venideros. Ellas constituyen, me permitan la expresión, mi profesión de fe en este día.
Yo creo en el papel insustituible que juega una Universidad en el desarrollo de la sociedad. Permítanme citar las palabras de nuestro Rector, el padre Julio Terán Dutari: "nuestro ideal académico, porque somos universitarios, es simplemente la verdad, esa verdad que está al servicio de un pueblo y de su cultura". ¿Dónde iría nuestro Ecuador y nuestra tierra esmeraldeña sin la luz de esta verdad que les ilumina el camino hacia el bien y la justicia?
Yo creo en la importancia de una Universidad Católica aquí y ahora en este momento histórico. Y de nuevo cito a nuestro Rector: "Ser Universidad Católica significa una manera propia de andar en busca de la verdad y estar al servicio de nuestro pueblo en justicia para el bien". Estamos convencidos de que esta fe tiene capacidad para penetrar en diálogo respetuoso y vitalizar, o sanar, todos los campos de la cultura, y en especial del saber, donde la verdad misma está en juego, es objeto de lucha.
Yo creo en una Universidad Católica Sede de Esmeraldas, porque creo en las posibilidades de los esmeraldeños para elevarse a las cumbres más altas de la investigación científica e histórica; de la creación poética y artística; del compromiso social, político, sindical y operativo.
Yo creo en la capacidad sobre todo de los católicos esmeraldeños para construir una cultura que respete sus raíces históricas, las exigencias de una sociedad moderna y los principios del evangelio. Una cultura que sea, por lo tanto, cristiana y, por ende, verdaderamente humana. El hombre, dice Juan Pablo II, es el camino de la Iglesia.
Creo, finalmente, en la capacidad de los esmeraldeños para ser profesionales responsables y comprometidos en la construcción de una sociedad nueva y justa a pesar de los condicionamientos políticos, sociales y económicos actuales. Creo esto, porque veo que los esmeraldeños amamos a nuestra tierra, queremos a su pueblo y sabemos que un porvenir mejor para todos no es el resultado de slogans, gritos y protestas aunque a veces legítimos sino el fruto de un trabajo serio de estudio e investigación, de un compromiso honrado y sufrido para con los más pobres que lleva al profesor, al maestro, al enfermero, al político, al sindicalista, al sacerdote a vivir con amor y profesionalidad sus tareas diarias, no como privilegio o prestigio, sino como servicio.
Queridos profesores y estudiantes. Sería también el momento de entregarles los deseos y las promesas que ya albergo en mi mente y en mi corazón. No quisiera, sin embargo, que ustedes las recordaran luego como tantas otras que brotan del actual momento electoral. Las guardo, por lo tanto, para otra ocasión.
Ayer fue el día de la madre y de la Ascensión. El Señor nos dijo: no les dejaré solos. Mañana es el día aniversario de las apariciones de la Virgen en Fátima. Hoy el día mundial de las enfermeras. Fechas que nos recuerdan la importancia en nuestra vida humana de aquellas presencias que son amistad, consuelo, cariño, ayuda, amor. De todo ello la fuente es Dios nuestro Padre. El que por nosotros, todavía pecadores, ha entregado a su Hijo, ¿cómo nos negará su ayuda en el momento en que nos comprometemos a trabajar con fe para que su nombre sea santificado y su reino llegue?
Es, por lo tanto, con la certidumbre de la fe que creo en el éxito final de esta Sede universitaria y que acepto el compromiso que usted, Señor Obispo de Esmeraldas, y usted, Señor Rector de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, han querido conferirme. Y espero la colaboración y la comprensión de todos. Gracias.
Juan Pablo Pezzi
Pro-Rector
12 de mayo de 1986
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