
Discurso de inauguración del año académico 1999-2000
Inauguramos hoy el último año académico del siglo XX. El último del segundo milenio. Aunque esto parezca un slogan, tiene mucho significado para nosotros.
Estamos en un mundo y un momento de la historia de la humanidad en los que se están produciendo cambios de gran envergadura, no previsibles hasta hace muy poco tiempo. Se dan fenómenos que afectan a todo el planeta: la economía se globaliza y se hace cada vez más competitiva; el poder del dinero y del mercado son el nuevo "dios" creado a imagen y semejanza de los poderosos; se está dando, también, una increíble transformación tecnológica y científica.
Ante todos estos cambios, la universidad no puede permanecer ignorante o indiferente, dejándose arrastrar por la corriente de los acontecimientos y de los cambios, sin tomar parte en ellos ni ser protagonista de su propio futuro. Eso sí, con espíritu crítico, porque no todas estas tendencias y movimientos transcurren siempre en la línea de una mayor humanización o una mayor justicia social.
Por eso, es ya más de un año que los directivos de la PUCESE venimos trabajando en el "proyecto 2.010". La universidad no crece sin brújula, sin rumbo. Queremos ser dueños de nuestro destino y no vivir a expensas de él. Es importante el esfuerzo de reflexión y diálogo que se está realizando para, en este sentido, conscientes de las macrotendencias que dominan el mundo, proyectar la PUCESE del nuevo milenio mediante un plan estratégico de desarrollo, que pronto verá la luz una vez sintetizados y consensuados todos los aportes.
En una economía mundial competitiva, el capital humano es decisivo. Prepararlo es el compromiso de la Universidad Católica. Y ésta no es una tarea sencilla ni aséptica. Por eso, hoy les invito a todos a renovar el compromiso de formar los profesionales y personas, no sólo con espíritu innovador, no sólo con el más alto nivel de calidad y excelencia, sino también con los más altos valores humanos que nuestro mundo requiere para un progreso según el modelo evangélico, basado en la justicia para todos, en el bien común, en la preferencia por los que viven en peores condiciones.
Trabajemos en equipo, desde el diálogo y la participación de todos, dejando intereses personales o grupales. En los últimos años se cambiaron los reglamentos, para permitir un mayor acceso de todos a los ámbitos de decisión; se han organizado las unidades académicas optimizando al máximo los recursos humanos, económicos y materiales; se está fomentando una dinámica laboral de diálogo, participación y consenso; se está seleccionando el personal directivo y administrativo en función de su valía personal y su capacidad para desarrollar estratégicamente la institución; se está aplicando un criterio de selección del personal docente con el mayor nivel de cualificación. Las limitaciones son grandes, en lo económico, en cuanto a personal, infraestructuras, etc. Pero no hemos de perder de vista el horizonte, conscientes de que la riqueza del mañana depende de las buenas inversiones del presente.
Inauguramos este nuevo año académico dando la bienvenida a estudiantes, profesores y trabajadores que se incorporan por primera vez a esta comunidad universitaria; felicitando a profesores y trabajadores que hoy son homenajeados por sus años de vinculación y servicio; alentando a quienes ya llevan tiempo en la institución; expresando nuestra sincera condolencia a los familiares de la estudiante y el profesor fallecidos al final del último año académico.
Con estas actitudes y agradeciendo a todos ustedes su presencia en este acto, damos por inaugurado el año académico 1999-2000. Gracias.
Jokin Zurutuza
Pro-Rector
Esmeraldas, 3 de Junio de 1999.
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