Pontificia Universidad Católica del Ecuador
Sede Esmeraldas


documentos

Discurso de inauguración del año académico 1996-1997

Quince años, al fin y al cabo, no son tantos años. Sin embargo, hay que celebrarlos, porque señalan un hito importante en el camino.

Cuando se inauguró la Sede, el 5 de Junio de 1981, nadie imaginaba qué sería de ella quince años después. Tampoco sabemos qué será de ella a partir de hoy, pero sí tenemos unas bases establecidas: unos criterios, unos principios orientadores, una mayor y mejor estructuración administrativa y académica... La Sede ha ido progresando. Al principio nadie pensaba que iba a prosperar. Pocos creían en este proyecto. Con los años, la PUCESE se ha ganado un espacio, un lugar en la sociedad de Esmeraldas; se ha hecho creíble, gracias al trabajo de tantas personas. Hoy debemos agradecer a todos los que lo han hecho posible: directivos, profesores, estudiantes, personal administrativo y de servicio. Entre todos se ha ido creando un estilo de trabajo, de seriedad, sencillamente haciendo lo que había que hacer y estando atentos para dar respuestas concretas en momentos concretos y a necesidades concretas.

Y tenemos clara la vocación de servicio a la comunidad esmeraldeña. No debemos olvidar el lema al que está consagrada la Universidad: hemos de ser testigos. Nuestro objetivo no es ser una institución grande ni poderosa, sino poner nuestro esfuerzo y nuestro trabajo en favor de la evangelización y promoción de nuestro pueblo. Creemos en los valores evangélicos, creemos en un Dios que nos mira, nos ama, nos libera de todas las esclavitudes, que nos apoya y anima, que quiere que reinen entre los hombres relaciones de igualdad, de respeto de la dignidad, que opta por la vida, que rechaza la violencia, la corrupción y la mentira.

Y creemos en un ser humano que se deriva del Evangelio. Un ser humano que es proyecto, posibilidad, que puede dar de sí mucho más de lo que él mismo piensa. Un ser humano abierto y generoso, que no pone el sentido de su vida en obtener un terroncito de poder, en el máximo dominio o en una imagen que dar.

Nuestro ideal es formar personas, no sólo profesionales. Formar creyentes, no gente religiosa que disgregue la fe de la vida. Personas sencillas, personas sensibles ante el sufrimiento de los otros. Personas con ideales, reflexivas, con sentido crítico, que no se dejan manipular por los medios de comunicación o por las apariencias de la realidad. Personas con capacidad de analizar en profundidad las latentes fuerzas que nos atenazan y hacen decrecer nuestra estatura humana y desdibujan o anulan nuestros valores culturales.

La Sede debe mucho a la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, que le dio nombre, le dio existencia, le trasmitió su espíritu de servicio. Hoy nos congratulamos con todos los hermanos de la PUCE en Quito, porque ellos cumplen 50 años de existencia. Van por delante, señalándonos una pauta.

La PUCE, con todas sus Sedes, ha comenzado una nueva vía de maduración. La PUCE se quiere ofrecer al país entero como una sola Universidad con diversas presencias, un sistema nacional que ofrece diversos servicios en distintos lugares de la geografía ecuatoriana. Y quiere hacerlo en coordinación. Todas las sedes, con la peculiaridad propia de cada una, se enriquecen unas a otras, y en esa pluralidad de ofertas y estilos, muestran la unidad fundamental en sus principios básicos y líneas comunes de acción. En este sentido, el año 1995 marca el inicio de una etapa nueva. Por primera vez en la historia de la Universidad Católica, las autoridades máximas de todas las sedes nos hemos reunido, con el objeto de coordinar acciones tendentes a mejorar nuestra oferta, intercambiar experiencias, lanzar propuestas, apoyarnos académica y administrativamente, etc. En enero en Quito, en febrero en Ibarra, en abril en Ambato y hoy aquí en Esmeraldas. Empezamos a andar un camino virgen hasta ahora, que no sabemos muy bien hasta dónde nos va a llevar, pero que estamos seguros, convencidos, de que nos beneficiará a todos. Agradezco la presencia del Vicerrector nacional, de los Pro-Rectores de las otras Sedes y demás autoridades que hoy nos visitaron y nos acompañan en este acto.

Iniciamos un nuevo año académico, el decimosexto. Y no lo iniciamos sin novedades: las carreras de Educación Especial y de Comercio Exterior nos recuerdan el compromiso con los más necesitados y con la necesidad de incidir en un desarrollo económico de la provincia. Son pequeños granos de arena en la lucha contra la pobreza y el desempleo.

Pero estas carreras no son la única novedad. El museo de arqueología empieza a ser hoy una nueva oferta que la Sede ofrece a la ciudadanía, con el deseo de recuperar y dar a conocer las raíces de esta tierra.

Para hacer honor a la verdad tenemos que decir que este museo no es una realidad tan nueva. Hace ya algunos años este museo se exhibía en la Catedral. No podemos dejar de nombrar respecto de su origen a dos personas: el P. José Richieri, que recopiló y preparó casi todo el material, y a Mons. Enrique Bartolucci, que donó la colección a la Universidad.

Por 4 años la muestra ha estado cerrada al público. Y en los dos últimos años hemos trabajado en la limpieza, fichaje, inventario y clasificación de las piezas, así como en el ordenamiento didáctico de la muestra. Mi agradecimiento más sincero a la Lic. Kattya Limones y al Sr. Julio Hurtado, que asumieron este proyecto y hoy nos entregan el fruto de su trabajo. Gracias, también, a los estudiantes de la especialidad de Ciencias Sociales que han colaborado generosamente en la labor. Hemos de agradecer también a Kodak Ecuador por su colaboración con el material fotográfico para el fichaje de las piezas.

Gracias a Mons. Arellano por el apoyo permanente que nos brinda y por los criterios evangélicos con los que nos estimula. Un agradecimiento especial para todos los que hicieron posible esta sede y ya no están aquí: el P. Juan Meloni, el P. Vicente Vivero, el P. Juan Pablo Pezzi y tantos otros que dieron su aporte generoso. Agradezco sinceramente al personal administrativo y de servicio, a directivos y docentes por su empeño de cada día por que ésta sea una verdadera comunidad claramente definida. Gracias a los estudiantes por su confianza puesta en la Universidad Católica. Yo les invito, también a ustedes, como ya lo vienen haciendo en los últimos años, a seguir trabajando para que el estudiantado de la Católica se organice y se caracterice por su vitalidad, su alegría, su compañerismo, su seriedad en el estudio y los valores profundamente humanos.

Sin más, agradeciendo a todos su presencia, damos por inaugurado el decimosexto año académico, 1996-1997. Gracias.

Jokin Zurutuza
Pro-Rector
Esmeraldas, 7 de Junio de 1996.


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Esta página fue creada el 2 de marzo de 2001
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