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Discurso de inauguración del año académico 2000-2001
Estimados miembros de la comunidad universitaria y amigos que nos acompañan:
Hace 19 años, el 5 de junio de 1981, la Iglesia de Esmeraldas estaba inaugurando la Sede de la Pontificia Universidad Católica aquí en Esmeraldas. Era una realidad tan incipiente que, según cuentan los que allí estuvieron, se vislumbraba un horizonte bastante incierto.
En estos 19 años, la Sede ha crecido y se ha consolidado, gracias al concurso de muchas personas. También creemos con firmeza que Dios ha estado impulsando e inspirando este proyecto.
Dentro de un año, Dios mediante, celebraremos el vigésimo aniversario de la Sede como la ocasión lo requiere.
Estamos en el año 2000, una fecha que para la humanidad ha sido tan emblemática, con tantas expectativas, a menudo esotéricas, mágicas y hasta terribles, que se han hecho humo frente al transcurrir normal del tiempo y los acontecimientos. La Iglesia nos ha confrontado, por el contrario, con un año de gracia, el año jubilar, que nos anuncia una historia no terminal sino por construir, con un tiempo que no concluye sino que es oportunidad, desde la alegría y la esperanza, desde el perdón y la reconciliación, desde los pobres y desheredados de la tierra. Es una promesa, de un mundo nuevo que está por crear y es responsabilidad de las mujeres y hombres que lo habitamos. Dios nos llama a participar en su misma tarea creadora.
En esa tarea nos comprometemos. Para nosotros la Universidad no es lo importante; el prestigio, el número de alumnos, los proyectos de cualquier índole... no son lo que cuenta. Sino la construcción de ese nuevo mundo, que Monseñor Bartolucci llamaba "civilización del amor" en su discurso de hace 19 años.
En este tiempo de crisis profunda, las instituciones universitarias también afrontan su propia crisis. La proliferación de centros universitarios de dudosa calidad no es síntoma precisamente de seriedad y de consolidación del sistema. Más bien es un indicador, junto con la restricción de la inversión del Estado en educación (en todos sus niveles), de la profundidad de la crisis que padecemos.
La vitalidad de la educación superior es uno de los elementos más determinantes del nivel de desarrollo de un pueblo. En este marco, nosotros apostamos por:
Nuestras realidad es bien limitada, en lo económico, en lo académico... Pero tenemos importantes potenciales:
En este año de júbilo para la Iglesia, les invito a todos a renovar nuestro compromiso por seguir trabajando con la misma fe que hizo posible esta Sede de la PUCE. Y ya desde ahora les convoco a todos a participar en la celebración del Jubileo Universitario.
Con estos deseos, con mi agradecimiento más sincero a cada uno de ustedes, a las autoridades de la PUCE, a la Iglesia de Esmeraldas, y con la seguridad de la presencia y colaboración de Dios, damos por inaugurado el vigésimo año académico, 2000-2001.
Jokin Zurutuza
Pro-Rector
Esmeraldas, 1 de Junio de 2000.
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Esta
página fue creada el 21 de mayo de 2001
Última actualización de esta página: 02/01/04.
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